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Redes Sociales: El Síndrome de la Gran Vía

[Con este post de @martalpz iniciamos una serie de entradas a cargo de firmas invitadas]

Redes Sociales: El Síndrome de la Gran Vía

Sucede que a veces, desde que era niña, algo me obliga a quedarme inmóvil en mitad de La Gran Vía. Mirando. Atenta a todo lo que me rodea.

Es cómo si una fuerza tirara de mí, anclándome en el suelo, y me obligara a observara la gente en su caminar, en sus prisas, en su carrera diaria por llegar a esos sitios tan importantes, para tratar de entender qué pasa a mi alrededor.

Yo en mitad de la calle. Inmóvil. Interrogándome. Ellos veloces, poseedores de laverdad última, teniendo clarísimo hacia dónde dirigir sus pasos en la vida y por qué.

Antes me preguntaba quienes serían aquellas personas; por qué siempre estaban en una calle tan hermosa (siempre los mismos, pensaba, cosas de niños), y si tal vez, yo,algún día, sabría con tanta certeza como ellos, hacia dónde dirigirme en la vida.

Me abrumaban, lo reconozco. Y aún ahora, en ocasiones sucede. Porque esa calle,en toda su grandeza, tan superpoblada, me atomiza si me dejo, y hace que a veces titubee, y me sienta fuera del engranaje social que se despliega a su alrededor si no me paro a analizar lo que veo.

Entonces, sólo entonces, como hacía con mi padre cuando necesitaba entender que estaba pasando, elijo caminar despacio desde el primer número hasta el último para entender que todo fluye y que es verdad que formo parte de ese mecanismo.

A esta incertidumbre del “qué se supone que saben los demás y yo no acierto a comprender” la he bautizado como el Síndrome de la Gran Vía.
Y a veces vuelve el vértigo y la historia se repite.

[A las puertas del otoño. Madrid. 9:00h. Un teclado que echa humo yuna pantalla. Luces en RGB]

Pensemos en una mañana cualquiera en la que la mente es sacudida desde primera hora por conceptos, ideas, estrategias, mantras incluso, que se apelotonan buscando su sitio: branding, redes, viralidad, gestión del conocimiento, presencia, contenido, aportar, construir, generar, difundir, opinar, influir, influir, influir…

Fuera las calles piden a gritos ser paseadas. Dentro el cuerpo busca un balón de oxígeno que le aleje cinco minutos del teclado, y la mente acaba de olvidar que las redes son el canal y no el fin, mientras asiste a una de esas danzas frenéticas en las que la vida se llena de hashtag, de avatares, de nicks, de arrobas, de apps, y de siglas que luchan por hacerse un hueco en la memoria. Un segundo fatal, un destello de realidad, y caes en la cuenta: sólo sabes comunicarte en 140 caracteres. Alrededor todo se ha vuelto Twitter.

Pues bien, un día de esos, en los que en teoría ni puede ni debe ocurrir, sobreviene. Es el Síndrome.

Alrededor todo se ha vuelto

El TL se balancea y te observa desde la cúspide de la Pirámide de Maslow, en la que, cubiertas el resto de las necesidades básicas, es de vital importancia el disertar acerca de la moralidad, la creatividad, la Crítica de la Razón Pura o la tristeza de CR7.

Es de esos días en los que en cinco minutos han pasado por tus pupilas delector transversal, de una manera absolutamente ceremoniosa, términos como fans,followers, retuits, deadline, masup, transmedia, social media, storytellers–periodistas, juglares de toda la vida de Dios- branded content, engagement…mientras luchas contra esa desazón que produce el pensar que ellos, los demás, son los auténticos guardianes del conocimiento.

Días en los que todos son gurús de sus materias y son capaces de resolver cualquier problema a golpe de clic: han leído ya los blogs más interesantes y tienen una opinión consolidadísima; muchos salen encantados de reuniones, otros se dirigen a testeos para blogguers, algunos acuden a congresos, o vuelven de desayunos tuiteros,o se dirigen a eventos 2.0 y además han pasado ayer por el garito de moda de la ciudad y han convertido la experiencia en trending topic a golpe de clic. Todo muy cool; hasta la extenuación.

Ellos conocen el secreto. A ti, esta mañana no te da tiempo a ponerte al día ni a retener esa cantidad ingente de información que todos generan a tu alrededor con unaimpostada ligereza. Y se hace necesario pisar el freno.

¿Sólo me sucede a mí?

Así. Así vivimos.

340 millones de tuits al día, más de 140 millones de usuarios activos y un sentimientode inmediatez que conduce, en el peor de los casos, a sufrir episodios de estrés y frustración si no se maneja este nuevo mundo con criterio.

Somos supersociales, estamos hiperconectados y somos adictos a la información.Nuestra atención se fragmenta a consecuencia de los casi infinitos estímulos que recibimos, y en ocasiones perdemos la perspectiva de lo que realmente son las redes sociales, nuestro papel en ellas, y el uso que debemos darlas.

En Twitter, la ansiedad que produce la supuesta bidireccionalidad o bien ante la ausencia de feedback, o bien a consecuencia del desbordamiento en el caso de aquellas personas con un número elevado de seguidores, es un precio muy alto si tenemos en cuenta que en un TL medio, la vida de un tuit es efímera y no llega a 10 o 20 segundos. Y aun así, sabiéndolo, a veces se nos va de las manos.

Es evidente que las reglas del juego han cambiado, sí. Somos habitantes de un mundo informativo horizontal y ya no nos sirve el viejo canon del emisor – canal –receptor.

No podemos explicar a nuestros mayores y a aquellos que no están en redes porqué no nos preocupa que alguien sepa qué comemos, dónde estamos, o con quien, y no entendemos porqué muchos nos acusan de estar exponiéndonos demasiado.

Porque para nosotros, no nos estamos exponiendo; sencillamente, hemos redefinido el espacio privado, hemos difuminado fronteras y hemos diseñado nuevos límites para las relaciones sociales. Las redes se han convertido en un instrumento indispensable para configurar la identidad; pero no en el único.

Somos coleccionistas de experiencias, y buscamos a toda costa la novedad, el aprender y el estímulo. Estamos en mitad de la mayor explosión de sociabilidad de lahistoria y nos encanta.

El problema surge cuando hay que cribar con eficacia toda esa cantidad de información y gestionar el conocimiento; cuando se traslada la inmediatez a la que estamos acostumbrados en la red a la vida diaria creyendo que los engranajes de un mundo tecnológicamente perfecto también funcionan fuera.

Y es ahí dónde, si no se tiene claro el para qué, se produce la disrupción y el vértigo. Porque no todo son redes sociales, y porque se hace necesario encontrar el equilibrio tras la fascinación inicial, revisando las pautas de comportamiento e interacción.

Sólo entendiendo dónde están los límites y siendo capaces de conjugar ambosmundos se supera el Síndrome.

Así pues, es hora de respirar. Levantas la vista del teclado; más allá está la auténtica vida. La que late. Y conoces perfectamente sus reglas. Mientras diriges tus pasos al unopuntocero en busca de una taza de café gigantesca, te das cuenta de que te apetece completar a ese avatar que te habla desde el monitor, inventándole, por puro placer, una vida. Te paras. #Sonríes. #Sueñas. Todo vuelve a estar en orden. Acabas de pasar de pantalla.

[Marta López es Licenciada en Ciencias de la Información y Sociología, y ha desarrollado su trayectoria profesional  en prensa escrita, radio, agencias de publicidad y gabinetes de comunicación. Su cuenta de Twitter es @martalpz ]